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Cap4 parte2

Page history last edited by Sergio ANP 10 years, 11 months ago

Capítulo 4 del  Transition Handbook (parte 2)

 

TAREA PENDIENTE (colaboración, por favor): pegar los párrafos orginales (del pdf/odt enlazado justo aquí arriba) detrás de cada párrafo traducido. Ya que ese texto no es exactamente igual al libro publicado, habrá algún párrafo que no coincida exactamente, aunque la mayoría sí.

 

Viene de Cap4 (parte1)


 

Biodiésel

Biodiesel

 

Inicialmente suena como una gran idea. Se hace crecer las cosechas de ciertas oleaginosas, se las prensa para extraerles el aceite, se lo procesa, se carga en el tanque de combustible de tu automóvil y a recorrer las rutas. En teoría es un método “carbono neutral”, y además crea nuevos medios de vida para los granjeros. Sin embargo la realidad es bastante diferente. Como para empezar, simplemente no existe la cantidad suficiente de tierras para hacerlo. Para generar el Biodiesel que abastezca la flota actual de vehículos del Reino Unido se necesitan al menos 26 millones de hectáreas de tierra cultivable, y dicho país cuenta solamente con seis.

Initially, this sounds like a great idea. You grow crops, you press the oil from them, you run cars on it. In theory it is carbon neutral, and creates new livelihoods for farmers. The reality is somewhat different. To start with, there simply is not the land available to do it. To power the current national fleet would need almost 26 million hectares of arable land. The problem is that the UK only has less than six.

 

El problema ético que surge ni bien examinamos la alternativa de los biocombustibles es el conflicto entre el uso de la tierra para la alimentación o para los combustibles. En términos más crudos, la opción es si vamos a comer, o si vamos a conducir autos. Con 800 millones de personas desnutridas en el planeta, esta pregunta resulta una cuestión vital. El peor ejemplo ya lo tenemos disponible, y fue la producción de bio-etanol a partir del maíz que comenzó a desarrollarse en los Estados Unidos, cuyo incremento de la demanda disparó el precio a tal punto que comenzaron a producirse disturbios en México, cuya población se vio impedida de obtener la materia prima básica para sus “tortillas”. Adicionalmente la tierra usada para producir biocombustibles reduce la cantidad de superficie disponible para el cultivo de granos destinados a la alimentación humana, y también para la menos eficiente producción de pasturas destinadas al ganado. En cualquier sociedad sana, los cultivos para alimentación deberían tener una clara prioridad sobre los aplicados a combustibles para vehículos. Tal como dice resumidamente David Strahan, autor del libro The Last Oil Shock: “Destinando todos nuestros cultivos a la producción de biocombustibles solamente alcanzaríamos a la cuarta parte del consumo actual. Y aunque pudiéramos producir la totalidad, moriríamos de hambre en medio de un gran embotellamiento de tráfico.”

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El último estudio realizado sobre si el Reino Unido podría autoabastecerse de alimentos usando su propia tierra cultivable fue del año 1975. Se encontró que teóricamente era posible, pero sólo si la dieta promedio incluyera muchísima menos cantidad de carne, las raciones fueran equivalentes a las de la Segunda Guerra Mundial, y si todas las tierras sin usar eran puestas en producción. Dicho estudio concluye: “Con un planeamiento apropiado, un pequeño sacrificio de quienes habitualmente consumen muchas carnes, y un esfuerzo conjunto de todos los sectores de la comunidad, podemos mejorar nuestra alimentación y construir una Gran Bretaña más bella en el futuro.” Ninguna referencia hay aquí para tierras libres que puedan destinarse a biocombustibles.

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Los partidarios del biodiesel entran a esta discusión con los pies para arriba. Tenemos que establecer prioridades, y resulta necesaria una Comisión sobre la Seguridad Alimentaria para hacer cumplir dichas prioridades. La alimentación primero, a continuación las plantas y materias primas medicinales, luego los cultivos para tejidos y telas, luego los materiales de construcción, y abajo, cerca del final de la lista (sólo por encima de la construcción de supercasinos) los biocombustibles, sí (y sólo sí) queda alguna tierra productiva libre.

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Hidrógeno

Hydrogen

 

El hidrógeno es la fantasía de la ciencia ficción para los sistemas energéticos. Promete un montón de cosas: La idea es audaz, brillante, intrépida y de gran atractivo para los niños que gustan de los adminículos y los juguetes. Pero como toda ciencia ficción, es pura fantasía y conduce al ridículo. Una verdadera ilusión carente de sustancia. Si lo analizamos de cerca se acumulan los despropósitos con bastante rapidez. En principio, el hidrógeno no es una fuente de energía sino un portador de energía. Para obtener hidrógeno puro es necesario hacer circular electricidad a través del agua. El hidrógeno no es algo que uno encuentra por ahí en las piscinas o bajo la superficie de la Tierra, que puede ser convenientemente recolectado y conducido a través de una manguera a nuestros tanques de combustible. El problema es cómo generamos esa electricidad. David Strahan ha estimado que solamente para abastecer con hidrógeno los automóviles del Reino Unido se necesitarían “67 centrales nucleares clase B, un sistema de paneles fotovoltaicos que cubran cada pulgada de Norfolk y Derbyshire, o una granja eólica más grande que toda la región sudoccidental de Inglaterra”. Nada de esto resulta ni criterioso ni factible, y toda energía generada de este modo con recursos renovables sería más sensato destinarla al sector residencial.

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¿El automóvil del futuro o una súper promocionada y poco confiable fantasía? El hidrógeno nos ofrece la ilusión de que podremos continuar usando los vehículos en el futuro lejano, pero ¿de dónde saldrá la electricidad requerida para crear el hidrógeno?

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En las viejas historias orales escuchadas por los alrededores de Totnes, uno de los temas recurrentes es la que narra como durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se comenzó a racionar la gasolina, la gente se hizo mucho más confiada de sus semejantes cercanos: los granjeros, los artesanos y el vecino de al lado. Cuando el precio de los combustibles líquidos se dispare, sin dudas veremos que el foco se vuelve automáticamente hacia lo local. Cuando las fuerzas que han devastado a las economías locales comiencen a menguar veremos un resurgimiento de la escala humana, la escala adecuada. Esto no quiere decir que las importaciones y exportaciones se dejen de realizar. Puede ser un buen momento para invertir en embarcaciones a vela de escala comercial, y de hecho algunas personas lo están haciendo. Al aumentar la escasez y el precio de la energía será interesante analizar qué es lo primero que deberíamos volver a fabricar localmente. Las soluciones que surjan dependerán de nuestros esfuerzos colectivos, de nuestra capacidad de anticipación, y también de diversas circunstancias locales, tales como la disponibilidad de tierras para el cultivo y otros recursos básicos.

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Está claro que a lo largo de la historia siempre tuvo más sentido producir todo lo que era posible a nivel local, y la importación quedaba restringida a los bienes de lujo y las pocas cosas que eran inviables o muy complicado fabricar localmente. De hecho, hacer otra cosa era

totalmente impráctico y económicamente fuera del alcance para la mayoría de la gente. La palabra clave aquí (una vez más) es la resiliencia. Con la capacidad de recuperación que brinda la resiliencia, si las computadoras o los cepillos plásticos de baño dejan de estar disponibles, todavía tendremos suficientes alimentos, refugio, combustible, productos básicos y medicinas para sobrevivir. Desde nuestra perspectiva de confort actual las cosas no serían ideales, pero tampoco sería algo catastrófico. Como en la mayoría de los pueblos y aldeas de antes de 1850, las importaciones estarían restringidas a aquellas cosas que mejoran nuestra calidad de vida y nos proporcionan productos y materiales que no podemos producir en el lugar, pero sin el riesgo de indigencia y hambre.

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Para recapitular, dado que nuestro actual sistema de suministros globalizado y centralizado depende totalmente de los combustibles líquidos fósiles baratos, y es cada vez más incierta la continuidad del suministro de estos mismos combustibles a precios bajos, no tendremos otra alternativa que reenfocarnos en la creación de sistemas locales de producción e intercambio.

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Desafortunadamente estas modalidades han sido sistemáticamente difamadas y socavadas sin descanso durante los últimos sesenta años. Tal como James Howard Kunstler ha escrito, el futuro será “cada vez más intensamente local y de menor escala”. Sin embargo no es deseable tampoco idealizar a las comunidades locales semi aisladas, ya que es evidente que las mismas tienen ventajas y desventajas.

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En la misma línea que las privaciones impuestas por la Segunda Guerra Mundial dieron lugar a un afortunado renacimiento de la agricultura británica (aún hoy mencionada como la ‘Edad de Oro’), el cenit del petróleo y del gas podría conducir a un renacimiento de la agricultura y de las manufacturas locales de bajo impacto en el Reino Unido. Decididamente no podemos volver atrás, ni tampoco queremos. No es necesario aprender nuevamente todas las danzas tradicionales, ni privar a las mujeres del derecho a votar, o volver a abrazar al feudalismo. Podemos adaptar nuestra cultura actual a un contexto más local usando para ello la creatividad, y los resultados estarán más allá de nuestra imaginación.

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Sin embargo, lo que es inevitable es el regreso a lo local y a la pequeña escala y el paulatino alejamiento de la globalización. Esto no significa un proceso de aislamiento y dar la espalda a la comunidad internacional. Más bien será un reencuentro de las comunidades y de las naciones entre unas y otras, pero no desde el lugar de la dependencia mutua, sino desde un criterio de resiliencia ampliada.

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Los peligros de aferrarse a la ilusión de la gran escala

The dangers of clinging to the illusion of large-scale

 

Avanzar hacia el futuro más localizado y con menos energía que se describe en este libro, no es por supuesto la única opción sobre la mesa. De hecho, la mesa en el presente está crujiendo bajo el peso de diferentes soluciones poco prácticas, y que pueden convertirse en verdaderas pesadillas. Vale la pena detenerse aquí para examinar las tendencias y las fuerzas poderosas que pretenden llevarnos hacia una dirección totalmente diferente. Hay dos Transiciones trabajando actualmente en el mundo: La que es el tema de este libro, y otra mucho más grande, más poderosa y con mejores recursos, que es el rápido desmantelamiento de la resiliencia que todavía queda, enmascarada detrás de las ventajas de la globalización y el crecimiento económico indefinido. Aunque los suministros de gas y petróleo ya se están comenzando a ver como muy vulnerables, probablemente existan todavía suficientes reservas de carbón para que el fin de la era de los combustibles fósiles pueda asumirse como algo absoluto e inminente.

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Hay un gran debate sobre la reiterada afirmación acerca de que el mundo todavía cuenta con reservas de carbón para cientos de años. El hecho es que muchas naciones que se habían declarado como poseedoras de enormes reservas de carbón se encuentran actualmente reduciéndolas a pasos agigantados. Sin embargo, lo más probable es que todavía haya suficiente como para dañar en forma irreversible el clima del planeta, y a través de un proceso de conversión del carbón en líquidos, poder permitir que la población de los países desarrollados pueda continuar viajando en automóvil durante un tiempo más. Este montaje queda en evidencia con el hecho de que el gobierno británico haya decidido que gran parte de la seguridad energética del Reino Unido se basa en el resurgimiento de la industria del carbón. Tal como dice Jeremy Leggett, si para prolongar un tiempo la agonía del petróleo la humanidad se decidiera a utilizar las reservas de carbón que quedan en el mundo, estaría asumiendo el desafío de tener que demostrar que todos los científicos climáticos están equivocados, y no es una disputa que tenga muchas chances de ganar.

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“El carbón es el monstruo escondido detrás del flanco descendente del cenit del petróleo. Mucha gente argumenta que todavía quedan reservas de carbón para 300 años, suficientes para hervirnos vivos a todos en nuestro propio clima. Sin embargo, un reciente reporte de Energy Watch Group titulado ‘Coal: Resources and Future Production’ cuestiona tal afirmación, revisa la información sobre las reservas mundiales y concluye que los datos no son confiables. Muchas naciones no vienen actualizando sus estadísticas, y en algunos casos las mismas son de la década de los 60s. Excepto India y Australia, desde 1986 todos los mayores productores de carbón se han vuelto atrás y se han replanteado sus reservas en lo que el reporte menciona como ‘revisiones del descenso sustancial de las reservas’. Algunos países como el Reino Unido, Botswana y Alemania han reducido sus estimaciones hasta un 90% y Polonia un 50%. En total, el mundo tiene aquellas estimaciones globales reducidas ahora hasta aproximadamente el 60%. Esto fue debido a que se han mejorado las técnicas de relevamiento y se ha recolectado mejor información. Tal panorama combinado con el apetito y la voracidad por el carbón que se ha disparado en los Estados Unidos, China e India, puede significar que el ‘cenit del carbon’ también está mucho más cerca de lo que se creía.” (Energy Watch Group – 2007 – Coal: Resources and Future Production – Descargable desde http://energywatchgroup.org/)

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Si la legislación internacional sobre el cambio climático deja todo librado a los mercados sin límites estrictos, el suministro de combustibles líquidos seguirá su curso y serán extraídos hasta la última gota de donde sea negocio extraerlos, en un esfuerzo inútil para satisfacer permanentemente la demanda ‘a la Hirsch’. Paralelamente ya estamos viendo la destrucción de selvas tropicales y otras en el sur de Asia para plantar árboles de palma y otras especies destinadas a producir biodiesel, el cual será exportado hacia Occidente como “combustible verde”. Estamos viendo un rápido desarrollo de las tecnologías para la conversión del carbón en combustible líquido en varias partes del mundo. Estamos observando la brecha que se abre en el suministro de gas del Reino Unido, el cual se reemplaza por un creciente consumo de carbón. En el invierno 2005-6 cuando se produjo en Gran Bretaña una baja sustancial de la disponibilidad del gas, se quemó un 18% más de carbón solamente en el transcurso de ese invierno. Podemos ver que la creciente demanda de combustibles líquidos en China los lleva a realizar acuerdos de suministro con gobiernos y regímenes que nuestra política exterior no nos permitiría. Evidentemente mantener nuestros tanques de gasolina llenos es un negocio sucio.

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Si nos negamos a reconocer las limitaciones que el cenit del petróleo nos impone, caeremos en el desesperado intento de querer mantener el crecimiento económico en su actual vorágine durante tanto tiempo como sea posible. Vamos a observar –de hecho lo estamos observando– a la producción de biocombustibles ingresar en una escala impresionante, y se implementarán grandes refinerías de biodiesel. Veremos también, en paralelo, las tasas de desnutrición y aumento de hambrunas dispararse bruscamente, al tiempo que más y más tierras se retiran de la producción de alimentos. Estamos presenciando un ejemplo directo de estos descalabros en México. El campo petrolero de Cantarell, responsable de 60% de la extracción en dicho país, ya ha comenzado su proceso de descenso hacia su decadencia terminal. Un 40% de los ingresos de la financiación pública de México proviene de la venta de ese petróleo a Estados Unidos. El ritmo de agotamiento de Cantarell es asombroso. Entre 2006 y 2007 cayó un 60% por debajo de su nivel máximo, y se calcula que la disminución llegará al 75% a fines de 2008.

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Al mismo tiempo, los Estados Unidos usan el 20% de sus cosechas de maíz para producir bioetanol, en un intento de aumentar la seguridad energética. Si sus importaciones de petróleo desde México continúan disminuyendo, las presiones internas en los Estados Unidos serán mayores para producir más etanol intentando suplir la brecha, y esto a su vez presionará más sobre las importaciones cada vez más escasas y caras de maíz también desde México. Lo que se dice un auténtico círculo vicioso, sin solución.

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Tal vez el método de captura y almacenamiento de carbono (CCS en inglés), que en teoría retiene el CO2 procedente de la combustión de carbón para depositarlo bajo el mar, pueda funcionar razonablemente, y el carbón resulte así nuestro salvador. Sin embargo el CCS se encuentra todavía en una fase experimental, y aunque funcione, persisten muchas dudas sobre si el método podrá ser desarrollado a tiempo, sobre su real proyección hacia el futuro en base a la existencia de suficiente carbón que justifique la aventura, y además sobre el costo real de todo esto.

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Nuestra incapacidad para abordar adecuadamente el problema del cambio climático tendrá consecuencias claras, con daños ecológicos severos, modificaciones significativas en los litorales marítimos, el aumento de cataclismos meteorológicos extremos, migraciones masivas y bancarrotas económicas por todas partes. El aumento del gasto militar será necesario para contener y sostener la disminución del petróleo y gas convencionales. La profecía de Dick Cheney sobre “la guerra que nunca terminara a lo largo de nuestras vidas” habrá llegado para quedarse, y constituye un escenario de pesadilla que debe ser evitado a toda costa.

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En un artículo de Richard Girling publicado en el Sunday Times puede verse hacia dónde nos estamos dirigiendo en términos de agricultura a gran escala. Sostiene que el futuro de la agricultura, a la luz del crecimiento de la población, el calentamiento global y el descenso energético, se traduce en el final de las granjas y demás emprendimientos agrícolas tal como los conocemos. Podemos decir adiós a las vacas pastando y rumiando en los campos. Se expandirán hacia las praderas los suburbios idénticos de casas idénticas como cajas de ladrillos, el zumbido del tráfico y vastos campos de cultivos idénticos. La presión para alimentar a más gente con menos tierra hará necesario poner la productividad y la competitividad por encima de cualquier otra consideración. Girling sostiene que hay solamente dos maneras de conseguir más alimento a partir del suelo: Con cultivos de mayores rendimientos o cultivando mayores superficies. Aunque como veremos en la Segunda Parte del libro, existen otros caminos además de estos dos. También cita a Mark Hill de Deloitte [una corporación consultora internacional], quien afirma: “El reto para los agricultores es duplicar la producción de alimentos en los próximos años. ¿Cómo pueden hacerlo?”. Y por supuesto: ¿Cómo?

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Girling también afirma que, como en 1939, necesitaremos reducir masivamente la cantidad de ganado, arar toda la tierra apta para cultivos, y aceptar la modificación genética como la única alternativa viable en estos desafíos convergentes. Este es un buen ejemplo para aplicar el pensamiento de Einstein que decía: “Los problemas no pueden ser resueltos desde el mismo nivel de pensamiento que los ha creado”. Tratar de dibujar el mapa del viaje de esta agricultura a través de la Transición no será posible sin recurrir a un pensamiento fresco y un enfoque facilitador para realizar las preguntas correctas.

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Por supuesto que será necesario poner más tierras en producción. El absurdo de las tierras “set-aside” [especie de veda agrícola obligatoria impuesta en 1988 en la UE] ahora afortunadamente eliminado, fue un extraño efecto colateral en los países que disponían libremente de mucho petróleo, y con los escaparates de los supermercados sobrecargados de una deslumbrante variedad de productos importados y baratos para elegir. Reducir la cantidad de ganado también será inevitable, pues la producción a gran escala de carne es un derroche de recursos insostenible. La conclusión es que la visión de Girling, por inevitable que él quizás la pinte, no nos brinda ninguna resiliencia, pone los huevos en una sola canasta, nos deja a merced de los acontecimientos internacionales y de los vaivenes de la economía global, perpetúa nuestra descapacitación colectiva, no propone ofertas de trabajos significativos para nadie, mantiene -y posiblemente aumenta- la dependencia de la actividad agrícola respecto del petróleo, destruye la biodiversidad, no hace nada para fortalecer las economías locales, no nos hace más saludables, y además sería de lo más aburrida. Sí, existen algunas tendencias hacia la agricultura a gran escala, pero de ninguna manera son inevitables.

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Continúa en Cap4-parte3

(para manejar un tamaño de información más ligero, se ha dividido la extensión del texto en varias partes)

 


 

Traducido por Horacio Drago – El Bolsón, Río Negro, Patagonia – horatiux[x]gmail.com (reemplazar [x] por @)

Revisado por ........................ (anota tu nombre y, si estás en el ning -red social-, con enlace a tu perfil)

 

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